IDEAL

Guadix y Almería convierten la celebración del centenario de la llegada del tren en una llamada de atención sobre una zona abandonada por las inversiones ferroviarias.
Hay zonas de Andalucía donde todo es lento, donde el retraso se ha convertido en una norma de vida. La primera vez que un silbido de humo pobló los andenes de la estación de Guadix fue el 25 de julio de 1895, festividad de Santiago. El tren llegaba a ese rincón terroso con treinta años de retraso en relación al resto del país. La locomotora que fondeó en Mataró en 1860, procedente de Barcelona, con el pecho cruzado de banderas, era casi historia cuando el obispo bendijo, al pie del andén, las costuras de hierro de la primera máquina de vapor que surcaría las dunas entre Guadix y Almería. “Imagino ese día lleno de emoción –decía José Luís Hernández, alcalde accitano- porque aquella gente tuvo que luchar mucho para traer aquí el ferrocarril”. El pasado viernes 22 de septiembre, día escogido por la comarca para conmemorar la llegada de un hallazgo, un artilugio con vagones y émbolos que unía las ciudades de Guadix y Almería en el irrisorio tiempo de cuatro horas, el sol calaba hasta los huesos. Alcalde y autoridades, músicos de la banda municipal y ciudadanía se reunían al pie de un andén con sabor a fiesta grande. “Es que en Guadix se vive mucho el ferrocarril, mucho. Antes de que cerraran el depósito de Renfe, vivían aquí cerca de 500 ferroviarios. Casi todo el mundo tiene algún familiar que ha trabajado en el tren”, continuaba el alcalde, algo sudoroso ya al filo de las cuatro de la tarde, entre los nervios y ese sol de apaches bajando como una flecha.
La banda atacaba un nuevo pasodoble. La Vaporosa, negra, robusta, brillante, soltaba hacia el cielo su bocina profunda de ballena última. La máquina, propiedad del Regimiento de Ferrocarriles del Ejército, es la única superviviente de una camada de locomotoras construidas en 1933 y que alcanzaban la friolera de 100 km a la hora. A La Vaporosa la forjaron en Valencia, en los talleres Devis, y en su edad lozana cubría el tramo Salamanca-Ávila. El 22 de septiembre estaba enganchada en el andén de Guadix a cuatro vagones de Renfe, los más antiguos posibles, ejemplares de los años cincuenta tal vez, hechos por dentro de madera y okay y con fotos panorámicas de ciudades castellanas. La Vaporosa estaba adornada con banderas y cargada de carbón y niebla caliente cuando el obispo la bendijo y la megafonía de la estación de Guadix anunció el comienzo de un viaje al mismo tiempo evocador y lleno de futuro. Atrás se quedaron los vecinos agitando pañuelos y también la Balwing, una locomotora alemana a la que los habitantes de Guadix llaman Balvi o Barvi, y que entró en servicio por última vez a las órdenes de Steven Spielberg en el rodaje de Indiana Jones y la última cruzada. Estacionada junto a la garita del jefe de vías, soltaba desesperada una fumata negra, rumbo a sudeste. La Vaporosa se alejaba…

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